Alejandro Hernández Wences: su vida fuera de la ciencia

Por Leilani Ledezma

Alejandro Hernández Wences es la adición más reciente del Departamento de Probabilidad y Estadística del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS). Sus investigaciones giran en torno a procesos estocásticos, probabilidad, estadística y modelado matemático aplicado a la genética de poblaciones.

Desde la adolescencia mostró interés tanto por la biología como por las matemáticas. “Tenía intereses diversos, me gustaba mucho la biología, pero también las matemáticas e, incluso, la química. Sin embargo, yo no sabía que existía la licenciatura en matemáticas” comenta. Esto lo llevó a estudiar ciencias genómicas, donde, a la par de descubrir la belleza de la biología, despertó una inmensa curiosidad y pasión por las matemáticas.

La vida de Alejandro no se limita al ámbito académico. También representa un ejemplo de equilibrio entre desarrollo profesional, actividad física, intereses artísticos y vínculos significativos.

Durante muchos años, Alejandro ha mantenido un estilo de vida activo debido a su interés por las actividades que involucren moverse. Desde joven practica natación y básquetbol; actualmente incluye yoga y boxeo. Además, la danza se ha vuelto parte de su rutina diaria. “Yo tomo cursos de tango dos veces a la semana y me encanta. Cada vez que puedo, bailo tango. Es de mis pasatiempos preferidos”, menciona.

A estas expresiones artísticas se suma la escritura, la cual considera una herramienta personal de reflexión y expresión emocional. “Para mí la escritura es un pasatiempo, pero también puede llegar a ser un poco terapéutico, me gusta escribir cuando tengo un mal momento o cuando tengo un buen momento”, comenta.

Aunque nació en la Ciudad de México, Alejandro afirma que su alma es más bien de Acapulco, lugar de origen de su familia materna. Este es uno de sus lugares favoritos ya que, desde que era niño, su familia aprovechaba cualquier puente o vacaciones para volver al mar. Esto lo convirtió en amante del chilate y el bolillo cocido con leña.

Una de las cosas que más le gustan es ir a playas como Barra Vieja con su familia, pedir pescado a la talla y convivir con sus primos. “Me encanta meterme en donde hay olas grandes y que me revuelquen. Eso me divierte mucho”, comparte.

Otra cosa que destaca son sus tradiciones familiares, sobre todo en Navidad. A pesar de que Alejandro es una persona a la que le gustan las ciudades, recuerda con cariño ir a la posada de una de sus tías en Acapulco, que reside en un vecindario tradicional.

Además, Alejandro se estableció durante tres años en Toulouse, Francia, donde experimentó un estilo de vida más tranquilo, acompañado de una amplia oferta cultural, artística y deportiva. Entre sus actividades cotidianas destacan sus recorridos espontáneos: “una pequeña tradición que me inventé estando en Toulouse, era simplemente ir a una panadería o pastelería, comprarme ahí un pastelito, un cafecito y buscarme algún rincón en la ciudad”, cuenta.

A la par de su trabajo académico, reconoce la importancia de la camaradería en su vida. Entre sus relaciones más cercanas están sus amistades de la secundaria con quienes, a pesar de tener distintas profesiones e intereses, han logrado mantener un vínculo cercano.

“En mi núcleo de amigos está Citlaly, quien es química farmacéutica bióloga; mi amiga Nitzia, que hizo su licenciatura y maestría en pintura; tengo otra amiga que hizo ballet por muchos años y ahora enseña ballet, y de manera simultánea es aeromoza; también entre mis amigos hay un ingeniero aeronáutico y un ingeniero mecánico. Es muy diverso el grupo, pero es muy grato el acompañarnos en la vida,” expresa.

Actualmente vive con su hermana Carolina y su perrito Mirlo. A ella la describe como una aventura en persona. “Si la aventura viene a mi, no le digo que no, pero Carolina realmente la busca”, explica. Aunque sus horarios casi no se acomodan entre semana, aprovechan los fines de semana para hacer actividades como el ciclismo de montaña, el senderismo y otras salidas al aire libre.

La historia de Alejandro Hernández Wences no solo habla de ciencia, habla de decisiones, de cambios de rumbo y de todo lo que ocurre fuera del escritorio. Su trayectoria muestra que la vida académica no está separada de lo personal: se construyen juntas, en equilibrio constante.