Cuando las matemáticas se encuentran con la música

Por: Daniela Rangel

A primera vista, las matemáticas y la música son disciplinas difíciles de relacionar. Cada una posee un lenguaje propio y elementos que parecen muy distintos entre sí; sin embargo, ambas comparten estructuras, patrones y relaciones que pueden analizarse desde distintas perspectivas.

A partir de esas conexiones, se llevó a cabo el concierto Teoremas para cuarteto: geometría en confluencia por el 50° aniversario del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas (IIMAS).

Desde su propia línea de investigación en sistemas complejos, el doctor Gabriel Ramos Fernández, jefe del departamento de Modelación Matemática de Sistemas Sociales, encontró una relación natural entre sus investigaciones y los temas abordados durante el concierto.

Aunque su trabajo consiste en comprender cómo las interacciones entre distintos individuos generan comportamientos colectivos, esa misma lógica puede observarse en la música, donde diversos elementos se articulan para producir una obra con significado para quien la escucha.

Desde esa perspectiva, la celebración le permitió apreciar cómo la música puede convertirse en un punto de encuentro con las matemáticas y una forma distinta de entender los procesos científicos, especialmente porque para él uno de los mayores aciertos del concierto fue trascender el formato tradicional de un evento científico.

“Me pareció un evento muy redondo y muy interesante”, comentó y destacó la colaboración entre el IIMAS y el Centro de Investigación, Documentación e Información Musical (Cenidim), la cual permitió ampliar la manera de conmemorar el aniversario y ofrecer una experiencia distinta para la comunidad.

Más allá de la interpretación musical, lo que más llamó su atención fue el diálogo entre ambas instituciones; mientras los investigadores del IIMAS compartían los conceptos matemáticos detrás de algunas obras, los especialistas del Cenidim, el doctor Víctor Barrera y la doctora Elena Kopylova, enriquecían cada pieza con explicaciones sobre su contexto histórico y creativo.

Uno de los momentos que más disfrutó fue la interpretación de Fase IV, de Witold Lutoslawski, que utiliza un recurso conocido como aleatoriedad controlada, en el que cada músico toma decisiones durante la ejecución: “El resultado final nunca se sabe, porque depende de una elección aleatoria de cada músico en ese momento”.

Como conocedor de espacios donde convergen la ciencia y el arte, el doctor Ramos reconoció que no siempre es sencillo establecer puentes entre disciplinas. Aun así, piensa que muchas de las diferencias que suelen atribuirse a científicos y artistas responden más a estereotipos que a la realidad. “Los científicos tienen un lado emocional y creativo muy importante, y los artistas también pueden ser muy racionales y ordenados dentro de su disciplina”, afirmó.

Además del valor artístico, el doctor Ramos considera que este tipo de iniciativas pueden convertirse en el punto de partida para colaboraciones interdisciplinarias, pues existen investigadores que analizan las propiedades matemáticas de las composiciones musicales y encuentros como este permiten descubrir intereses comunes entre áreas que, en apariencia, son muy distintas.

Por último, el doctor Gabriel Ramos expresó su deseo por que el Instituto impulse más actividades de este tipo: “Fue una experiencia para llevar a la familia y compartir en un contexto distinto al que solemos interactuar aquí en el Instituto. Creo que quienes asistimos tuvimos la oportunidad de disfrutar un muy buen concierto y de pensar en la música y las matemáticas desde otro punto de vista”, concluyó.

Leave a Reply

2 × two =